Sonia Beltran

ensayo y error de una profesión

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a la festa del Rey Paixaró

La investigación se vuelve más oficial

Congreso Virtual Historia de las Mujeres.

20151112_135015El pasado 15 de octubre participaba por primera vez en un congreso virtual. Hasta ahora había asistido a congresos, jornadas y seminarios más o menos enlazados a la redes sociales o similares, pero no a un congreso totalmente virtual.  Y tengo que decir que la experiencia ha valido la pena.

La principal motivación: conseguir una publicación para mi investigación de las dotes del siglo XVIII. Ya que el congreso se centraba en la Historia de la mujeres, y puesto que las dotes suponen una fuente directa para su estudio y el estudio de la vida domestica, es un estudio de la vida de las mujeres, mi interés estaba más que justificado.

Había además cierta curiosidad por saber como se llevaba a cabo un Congreso con este formato.

Todos los interesado en participar pagamos la misma cuota de inscripción y teníamos la misma fecha de entrega de nuestras comunicaciones. Desde día de inicio del Congreso, teníamos acceso a la plataforma donde leer todas la comunicaciones presentadas y donde nos esperaba la calurosa bienvenida de los organizadores. Esta plataforma tiene un apartado de Foro donde los participante hacían sus comentarios y preguntas, hablaban con otros investigadores, … durante los quince días siguientes.

Y ayer precisamente recibí en casa mi certificado de participación y el CD con todas la comunicaciones, que también están disponibles en la web de la Asociación

Desde aquí mi enhorabuena y agradecimiento a la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Diocesano de Jaén 😉

Jornadas de la Ilustración

040328 FR Casa Museo Modernista 04El próximo martes participo en las Jornadas de la Ilustración de Novelda, que cada año organiza la Asamblea Amistoso Literaria, con una conferencia sobre los ajuares “Los ajuares nupciales en la Novelda del s.XVIII” (que luego compartiré por aquí). Con la intención de mostrar como los ajuares no solo enumeran objetos, si no que nos hablan de la necesidad y uso de los objetos y, de algún modo, de las  personas que los poseyeron.

De modo que me encuentro completando y ampliando lo ya escrito con infografías, fotos de azulejos y detalles de cuadros

 

 

Si los ajuares hablaran. Economía y consumo. Valencia siglo XVIII

Si los ajuares hablaran podrían contarnos por qué se eligió un guardapies de lanilla azul y una saya de bayeta verde, en lugar de un guardapies verde y unas sayas azules. Nos hablarían de moda y de gustos personales, que no es poco.

Luis M. Rosado Calatayud (Universidad de Valencia) en El ajuar de las novias en la Valencia del siglo XVIII. Las diferencias en las pautas de consumo entre el medio rural y urbano. Quiere que las dotes nos hablen de las pautas de consumo, tanto en la ciudad como en el medio rural, a lo largo de un siglo.  Un punto de vista socio-económico muy interesante, ya que  “trata de poner de manifiesto los contrastes que, en materia de consumo, se producen entre el mundo rural y el urbano.”

Cosas que me han interesado especialmente de este artículo:

lo imprescindible y lo accesorio según el momento y el lugar. el lujo, La moda y vida cotidiana.

cuandoA pesar del título, este artículo, como los ajuares, dice mucho de la moda como medida de la sociedad. O al menos me da una idea para analizar el contenido de los ajuares.  Desde ese construir y/o crear nuestra identidad a través e los objetos. Una identidad social que marca nuestra relación con los demás.

 “La percepción del concepto de lujo, como señala Norman John Greville, se fue desplazando de manera progresiva. Determinados artículos se acabaron convirtiendo en imprescindibles con el transcurso de los años.”

La moda, estudiada a través del consumo, nos revela y/o nos confirma el cambio social que se produce a lo largo de un siglo. No solo nos da datos socio-económicos (poder adquisitivo, acceso a determinados productos,, …), también nos proporciona  información sobre el valor simbólico de aquello que se lleva al matrimonio: bienes raíces o muebles, ropa de casa o de vestir. Y cuando unos sobrepasan a los otros, ¿cómo se resuelven esos vacíos a lo largo de la vida?

” individuos que destinan una parte del capital económico a capital social, político, cultural o simbólico. Como evidencia la mayor dotación de las prendas de indumentaria, que son aquellas que adquieren  una mayor proyección exterior.”

Leer más allá de la fuente.

En este caso el autor “ha recurrido adicionalmente a documentación de carácter económico fiscal (Padrones de Riqueza y Libros de Reparto del Equivalente), para reconstruir la evolución de los patrimonios de las familias que intervienen en la constitución de las Cartas Dotales”

Otro dato que me interesa especialmente es la referencia que el autor hace, con respecto a la metodología, a los trabajos de Dávila Corona, RMª y García Fernández, M (2005) sobre el Valladolid del siglo XVIII y de Ramos Palencia, F.  sobre Palencia para el mismo periodo “aportan referencias sobre las pautas de consumo de la sociedad preindustrial (…)  nos ofrecen modelos de clasificación especialmente útiles para la ordenación tanto de bienes, como de los niveles de valoración, lo que constituye un importante aporte metodológico para el procesamiento de este tipo de documentación”

El artículo.

Usa dos casos concretos para ilustrar el el estudio. Las dotes de una mujer de Sueca, una ciudad predominantemente agrícola, y la otra de Xativa, que “presenta una sociedad urbana más consolidada”, ambas de 1792. Al comparar las cartas dotales de ambas localidades se observa  “un claro reflejo de los comportamientos de estas dos sociedades, la urbana y la rural”.

Se analiza el peso específico que tiene la ropa de casa frente a la de vestir, los materiales, estado y valor de las piezas, la importancia de los bienes raíces frente a los muebles, … Analizados estos datos a lo largo del siglo y contrapuestos en el eje urbano-rural, muestran que

 

 

 

Típico o histórico ¿hay que elegir?

Más reflexiones con respecto a los trajes típicos, regionales y demás indumentarias.

Para la inmensa mayoría de la gente es típico aquel traje que identifica a una comunidad (ya sea un pueblo o una región entera) y esa inmensa mayoría suele pensar que es típico porque en algún momento del pasado todas las personas de esa comunidad lo usaban en su vida diaria. Pero no necesariamente es así, el traje tradicional es

“invención del siglo XVIII que se entiende en el contexto del nacionalismo o en la definición de la identidad nacional de los pueblos, que trataba de averiguar los orígenes de la nación y encontró en las clases populares rurales la autenticidad nacional, lo que se convertiría en el arranque del folklore” (Puerta, R. 2006 : 275)

Y, sin embargo, ante una determina indumentaria, hay quien la identifica como propia, aunque no responda a ninguna época de su historia. Pero de alguna manera saben que representa al tipo, sea el tipo “valenciano”, el “fallero”, el “alicantino”, el “foguerer”, el “murciano”, el “huertano”, … (y así hasta el infinito)

El traje histórico es como dice Lliceras, aquel con el que se puede viajar en el tiempo a otra época y no llamar la atención.

Típico, para qué.

El traje típico cumple una función social muy clara, de hecho cumple dos. La primera la de representar a una comunidad, que ha construido o construye constantemente un imaginario para mostrar su identidad colectiva. Fiestas y ceremonias, lo correcto y lo incorrecto, lo autentico, … De alguna manera se convierte en un traje ceremonial:  en los actos en los que se celebra X, los participantes, los celebrantes, se visten con Y.

Y la segunda, la que cumple toda indumentaria, la que cumple la moda; reflejar el imaginario social de cada época. Ya que el traje típico está construido sobre el imaginario del momento, aun cuando busca inspiración en el pasado. A lo que hay que añadir, que a pesar de la uniformidad que buscan estos trajes típicos, los individuos suelen imprimir a la indumentaria sus propios gustos. Porque, una vez más, estamos hablando de vestido y con esto el ser humano no solo se cubre y se protege, si no que también crea una identidad. Y esta identidad social “marca nuestra relación con los demás (…) cuentan como somos o pretendemos ser“.

Por tanto la decisión de si hay (o creamos) el traje con el que nos vestimos de valencianos, de alicantinos, o de lo que sea, no es una frivolidad.

Novelda 2011

Ofrenda de frutos. Fiestas Patronales, Novelda 2011

El hecho de querer tener un traje para celebrar y demostrar que somos de un territorio, puede ser muy espinoso. Porque no se trata de la recreación de un hecho histórico, con mayor o menor rigurosidad, como puede ocurrir en Gettysburg o como pretenden las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy. Es, simplemente, celebrar que somos de aquí.

Decidir si ese traje responde a una reproducción, lo más fidedigna posible, de una época concreta o es una construcción ad hoc, es también una cuestión controvertida. Por que, ¿a qué época nos vamos a remontar para sentirnos auténticos? ¿cómo de rigurosos y exigentes vamos a ser con las recreaciones?

Típico, cómo.

En esta línea, pero siendo historicistas, la elección del siglo XVIII como época en la que fijarnos, es una tradición. Tradición heredada de los trajes típicos.

El siglo XVIII como inspiración principal para los trajes, pero con innumerables piezas del XIX, e incluso del sXX.

De alguna manera estaríamos manteniendo viva esa idea de “autenticidad” y folklore, de que la industrialización acabará con todo lo autentico, la idea de que las clases populares conservan la esencia de lo autentico.

Y si decidimos crear ese traje típico desde cero. Un traje para celebrar y no para reconstruir ¿a partir de qué criterios lo vamos a hacer?¿es imprescindible la historia? Llegados a este punto sería interesante poder responder al cómo y al por qué de nuestro traje típico.

Sea quien sea la persona (física o jurídica) que tome la decisión debe poder responder. Al cómo ha de ser, para que sea considerado representativo de nuestra comunidad. Y al por qué de esta decisión, y de cada uno de los elementos (por qué camisa y no jubón, por qué negro, por qué ese largo de la falda y no más corto o más largo)

Y en ambos casos se refuerza la idea de lo autóctono como diferenciador, aún entre localidades separadas por pocos kilómetros ¿El termino municipal como mapa del mundo?

 

En cualquier caso queda mucho por aprender de la Historia y de nuestras historias. Mucha difusión que hacer. Antes, durante y después de la construcción de todo esto.

 

Faltriquera. Indumentaria Regional Valanciana

Esta es una pieza que no ha aparecido en ninguno de los inventarios que he podido consultar ni en los documentos que recogen la documentación de localidades cercanas. Pero no solo me consta que ha sido parte del vestido femenino del XVIII y anterior como muestran los museos. Es también una de esas piezas que conoces de oídas, he escuchado a mi padre decir que su abuela la uso o al menos la nombró como algo que se usaba con frecuencia por al mujeres.

LAS FALTRIQUERAS.

Llamadas también faldriqueras. No es frecuente que en los inventarios se reflejen estas piezas, debido al bajo precio o valor de las mismas; consisten en dos bolsillos sueltos que la mujer llevaba atados a la cintura por debajo de la falda, coincidiendo con las aberturas de la cinturilla. Debido a ello es por lo que siempre aparecen en juegos de a dos.

FERRANDlS MÁS,Vicent   Elementos para el estudio de la indumentaria valenciana: el vestido de la mujes (1787-1812) (1). en “Torrens. Estudis i investigacions de Torren i comarca”. Disponible en Filadis

2013-09-16 12.58.40Para mi indumentaria valenciana del siglo XVIII, esto es, para mi ropa de “ballar danses” yo solo tengo una, que yo misma hice aprovechando un retal que sobró de la enagua. Supongo que este detalle demuestra el poco “valor de las mismas”.

Aunque supusieron un grato entretenimiento durante el invierno pasado.

2013-03-05 15.28.47 2013-03-05 15.21.03

 

el traje y las fiestas. Patrimonio

Dentro de mi proyecto de investigación-reflexión sobre la indumentaria tradicional (s.XVIII) está, como dije, el uso de esa indumentaria en el siglo XXI. Y en estos usos juegan un papel fundamental las fiestas populares en general y las locales-Patronales, en particular.

Considero que hay un eje Fiestas Locales > Traje Típico> Gestión patrimonial .

Las fiestas locales, son la expresión de la idiosincrasia y la historia viva de una localidad. Digo historia viva porque no es solo historia, son también esas tradiciones que por ser revividas año tras año evolucionan con la gente, pero no necesariamente (como la gente) revisan los orígenes y/o reflexionan sobre sí mismos. Pensar sobre haber sido en el pasado, ser ahora, querer ser en el futuro.

En conjunto estas fiestas son Patrimonio; de los locales y de los visitantes, por qué no, puesto que son usuarios. (La influencia y derechos-obligaciones de los forasteros en las fiestas de tu pueblo merece otro post). Y el traje típico, elemento de esas fiestas, también es un patrimonio en sí mismo.

Y considero que estos dos elementos están directamente vinculados con la gestión patrimonial. Gestión Patrimonial en el sentido más administrativo de la expresión, es decir desde la administración se hacen todos, o casi todos, los esfuerzos por mantener y divulgar. Pero también en el sentido más comunitario, a saber, las personas vinculadas con ese patrimonio lo usan, le dan valor, lo conservan, …

El traje típico gestionado desde la Administración. Traje típico, tradicional o regional. Más o menos riguroso con la historia o consigo mismo (queda pendiente un post sobre esas instituciones que regulan el tipismo local).

En mi localidad, como en la mayoría de las que conozco, el Ayuntamiento se hace cargo de todo o parte del coste de confeccionar el traje típico para las representantes de las fiestas. A saber, la Reina de las Fiestas (personaje que también requiere de un post aunque solo sea para identificar qué es lo que hace que una fiesta sea machista). Es decir ocho mujeres jóvenes y ocho niñas lucirán un traje típico, hecho a medida para ellas, y que queda en su poder, es de su propiedad desde el primer momento. Es también la Administración, a través de la Concejalía y/o la Comisión de turno, quien decide cuándo deben usar este traje. Y aquí viene mi primera reflexión.

Siempre he pensado, mucho antes incluso de iniciar esta investigación, que si ese traje lo pagamos todos (pq se paga con nuestros impuestos) todos tenemos que disfrutarlo ¿no?. Y ¿cómo hacemos uso de esos dieciseis traje-patrimonio todos los habitantes de una ciudad? pues viéndolo, mirándolo, puesto sobre esas chicas en todos los actos de esas fiestas. Esto que en algunas localidades es una obviedad no lo es en la mía, por eso lo digo, por eso lo he pensado siempre.

El traje típico gestionado por la comunidad. Aquí me surgen un sinfín de preguntas antes de llegar al punto “cómo se gestiona”.

En primer lugar debe ser esa comunidad la que decida cuál es el traje típico. Y para ello deberá decidir, previamente, qué criterios va a seguir, históricos, estéticos, … Y antes  tendrá que pensarse a si misma, su origen, su presente y, por que no, su futuro. Puede hacer un gran ejercicio de reflexión sobre sí misma en general, pero quizás bastaría, para este caso, una mirada a esas fiestas en particular.

Luego podrá decidir si, como dice Mª Victoria Lliceras, el traje es típico o histórico. Si vamos a ser rigurosos con los vestidos del s. XVIII, de modo que puedan considerarse recreaciones de aquel momento. O si vamos a asumir que el hecho de convertir un vestido en símbolo de una comunidad y de su historia, lo desvirtúa como “reproducción histórica” de un momento concreto, acotado en le tiempo. Y, por tanto, asumimos los añadidos e interpretaciones que se hicieron en los siglos posteriores. O si, en ese reconocer la influencia de los tiempos, decidimos que ahora “nuestro traje” es este X, como antes fue otro y que no sabemos cual será en el futuro.

También estas últimas reflexiones valen para si se opta por la reproducción histórica. Hoy decidimos que nos identificamos con los vestidos de la segunda mitad del s.XVIII; pero sabemos que mañana, otros podrán seleccionar otro momento histórico.

Yo, a día de hoy, voto por lo histórico. Reconozco que en esta opción hay un deseo de viajar en el tiempo. Siento que recrear con rigurosidad los vestidos de un momento concreto, nos llevará a recrear igualmente usos y contextos, acotados a unos días del año, los de las fiestas locales u otros. He intuyo que esto es lo más parecido a ese viaje y, por tanto, es también un recurso y una excusa para conocer nuestros pasados.

 

¿vestirse a la antigua?

Investigaciones y publicaciones sobre el vestido femenino en el siglo XVIII hay muchas y muy rigurosas. Y no pretendo hacer aquí una más, con la diferencia de estar documentada en el Archivo Histórico de Novelda. Como ya dije, lo que me interesa es ver qué hay de aquellos vestidos en los de hoy.

Por tanto mis reflexiones girarán en torno a pequeños descubrimientos, al contraste entre lo típico y lo tradicional, al rigor histórico y al folklore.

Considero que esa indumentaria típica es un Patrimonio. Es un patrimonio cultural, porque al estandarizarla con el objeto de convertirla en elemento distintivo de una comunidad, pasa a ser parte de la identidad cultural de esa comunidad.

Y es patrimonio histórico en la medida en que se sustenta en el pasado de esa comunidad. El vestido del siglo XVIII le sirve de inspiración y las diferentes corrientes de pensamiento de los siglos posteriores han influido en su normalización como traje típico.

Así pues, como patrimonio que es, es susceptible de ser gestionado, y de hecho lo es. Y la primera cuestión a resolver (quizá como tesis de ese MasterDIWO) es quién tiene la autoridad para esa gestión y cómo debe hacerlo.

Indumentaria Regional valenciana.

Este es un acercamiento a la indumentaria tradicional a través de la indumentaria típica. No pretendo, pues, hacer un estudio riguroso de la indumentaria tradicional y como debería ser hoy su versión para las fiestas populares y el folklore.

El vestir de la gente sencilla del s.XVIII es el que mayoritariamente usamos cuando nos vestimos para bailar danzas regionales. Sin ser un traje típico y con aspiraciones a ser tradicional. Es decir, inspiradas en los originales y más o menos influenciados por los gustos actuales y nuestro propio bagaje acumulado en los siglos porteriores; sin olvidar la fuerte influencia del sXIX.

En esta indumentaria, la ropa Interior femenina se compone básicamente de tres piezas: la camisa, la enagua y las medias. Hay otras piezas como las cintas o ligas y el pantalón o calza interior (que no se generaliza hasta el s.XIX). Y otras que pueden ser o no interiores como el refajo, el faldellí, el jubón, … que se usan como ropa interior para abrigarse (y probablemente también para enriquecer la vestimenta) y que en ocasiones son prendas exteriores.

Me detengo en dos de las prendas básicas, la camisa y la enagua, sus nombres, materiales y usos.

La camisa, también llamada camisó o camisola, es ropa interior de día y de noche. Los materiales más comunes con que se confecciona son lino y algodón, ya que se pueden fabricar en casa y cuya materia prima es más accesible que la seda o los lienzos finos (que también se utilizan pero en menor medida). Es interesante ver como las mangas, que quedan a la vista en verano, se adornan más que el resto de la pieza e incluso se usan las telas más finas para su confección.

Las enaguas o sobresinaguas, puede usarse una o varias . Como la camisa se confecciona con materiales resistentes y caseros, lienzos de lino o estopa, o lienzos finos. Si se usan varias a las superiores se las denomina sobresinagua, como es lógico las más superiores están más adornadas y son de tejidos más finos.

2012-05-08 11.31.15Muestro aquí estas prendas de mi vestuario para bailar, como aficionada, danzas populares valencianas. Mi enagua, confeccionada con tela de batista, que es el tejido propio de las sábanas de hace solo unas décadas. En este caso utilicé el corte de dos sábanas bajeras que mi abuela nunca usó; en lugar de dejar la tela en el fondo del baúl. Para la camisa usé batista fina, concretamente el corte de tela que debió ser un almohadón de una cama de 1,35m de ancho.

Los adornos de estas prendas son totalmente actuales. La puntilla de las mangas de la camisa (tul bordado), aunque es de buena calidad, es de producción industrial. El bordado de la enagua es un diseño original, que no pretendía reproducir ni los adornos que en el s. XVIII se usaban para estas prendas; ni otros bordados de la época. Mi idea era adornar la enagua con mi inicial (eso sí es propio de estas prendas) y con un bordado rico, ya que no llevaría otro adorno.

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Como mi madre confección las prendas y yo hice el bordado a mano; es casi una versión siglo XXI de parte de un ajuar del s. XVIII. Porque en el proceso de creación siempre estuvo presente la idea de que estas prendas se usarán en ocasiones especiales y serán heredadas algún día.

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Para obtener información rigurosa sobre indumentaria tradicional he consultado, entre otros, el libro de Victoria Liceras Ferreres (coleccionista e investigadora) “Indumentaria Valenciana. Siglos XVIII y XIX”. Y recomiendo también estos artículos publicados en diferentes blogs:

“Algo sobre indumentaria tradicional”

“Tan ancha como larga, o más”

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