Sonia Beltran

ensayo y error de una profesión

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a la festa del Rey Paixaró

La artesanía como contracultura ¿qué artesana eres?

Siguiendo con el post de la semana pasada y el estudio sobre la artesanía del siglo XXI que hace JC Santos me preguntaba ¿qué clase de artesana soy?”

“… la artesanía también es un concepto polifacético, con significados y valores diferentes para cada grupo de consumidores”

Esto es importante, entre esa masa de consumidores está nuestro cliente ideal. Aquel que dibujábamos, con un nombre y una forma de peinarse muy concreta, y que se parece a un famoso. Esa persona que está dispuesto a pagar por nuestro producto, porque lo aprecia, aprecia nuestro trabajo.

Santos hace una división de la artesanía actual diciendo que, esa “búsqueda de un modelo alternativo” que es la artesanía, se orienta desde dos actitudes opuestas:

A) mirando al pasado con nostalgia

B) mirando al futuro con osadía

ArtesaniasLa primera engloba dos conceptos muy distintos de artesanía, la artesanía folclórica, cuyo máximo exponente son los mercados medievales donde se vende de todo menos medievo. Y la artesanía suntuaria, con influencia en el mundo de la moda.

La segunda actitud ante la artesanía la componen un concepto de “artesanía informal” muy vinculado al movimiento DIY (hazlo tu mismo) enfrentada a la sociedad de consumo. Y una “artesanía contemporánea, caracterizada por un elevado nivel conceptual de diseño”. Aquí entraría todos los artesanos-diseñadores-artistas, que tiene un concepto muy definido en sus creaciones (a base de pensar, investigar y probar sobre una idea), y que son super-expertos porque dedican mucho tiempo a perfeccionar una técnica sin dejar de experimentar (probar materiales, mezclar técnicas, …)

El gráfico es genial, lo pongo porque permite hacer un ejercicio muy interesante: responder a la pregunta ¿que tipo de artesana eres?

Es decir ¿en qué lugar de esa gráfica estas? además de colocarte en un cuadrante, puedes especificar cómo de cerca estás de la gama alta o baja, de la tradición o de la innovación. Es un ejercicio difícil, mi ideal es esa artesanía que mira al futuro con osadía, en la artesanía contemporánea, y lo más cerca de la gama alta. Pero mi realidad es que solo para algunos proyectos estoy ahí en general me muevo en el área de la innovación peor bastante cerca del centro.

¿y tu?

De negro, pero no de luto.

Las piezas del vestido

La basquiña es una de tantas faldas que usan las mujeres de XVIII que siempre es exterior “ponese encima de los guardapieses y demás ropas”, que en origen (siglo XVII) y durante todo el siglo VXIII es de color negro (en el s.XIX era también de otros colores, siempre oscuros). Y que se utiliza para salir a la calle, ir a misa, procesiones, ect. Por eso siempre es exterior, es la última prenda que se pone la mujer antes de salir de su casa.

Basquiña1726Todas las mujeres tenían al menos una. En los ajuares de novia como en los inventarios de bienes, siempre aparecen al menos “unas basquiñas”. A veces, además de la basquiña, hay “unes faldetes de anar a misa”, que no se hasta que punto es exactamente lo mismo. Puesto que en ocasiones aparece citado de manera distinta en el mismo documento, esto es, apreciado por la misma persona . Es decir, que la misma persona entendida que iba identificando y valorando las piezas una a una, nombró una prenda como basquiña y otra como “de anar a misa”

¿Por qué usar dos nombres distintos para la misma prenda? ¿por el material? ¿por la diferencia de uso? una “les faldetes”, para ir a misa (quizás más ricas) y otra, la basquiña, simplemente para salir a la calle. En los documentos consultados, en los que se dice el material del que está hecha la basquiña, esta es normalmente de chamelote (piel de camello), lo cual la hace impermeable y abrigada.

Normalmente estas faldas aparecen seguidas, o incluso en la misma anotación, de un manto que la mayoría de las veces es negro.

El jubón negro, de tafeta, de damasco, de raso, incluso de terciopelo, también son habituales. Aún no puedo decir que exista mayor nº de jubones negros que de otros colores, pero si superan a cualquier otros color.

Quizás el delantal o la “mantellina” den un toque de color. Y digo quizás porque delantales negros hay tantos como “de color” (esto es, ni blanco ni negro) y con las mantillas pasa lo mismo, cuando se indica el color, el negro y el blanco es lo más habitual.

vestirse

… durante los últimos treinta años del siglo XVIII y los primeros veinte del siglo XIX, un traje propio solamente de nuestro país, que llamó la atención de los extranjeros que visitaron España en esta época y al que llamaron el traje nacional español. Las españolas de las ciudades, fuese cual fuese su clase social, se ponían siempre encima de sus demás vestidos, para salir a la calle o para ir a la iglesia, una falda negra llamada basquiña y se cubrían la cabeza y los hombros con la mantilla, negra o blanca; se quitaban estos vestidos tan pronto entraban en una casa, aunque fuesen a permanecer poco tiempo dentro de ella.

Amelia Leira, (2004:4)

Aunque un “vestido a la española” ya existía en el siglo XVI, que cedió protagonismo en el XVII a la moda versallesca, los regionalismos que empiezan a identificarse a finales del XVIII es lo que recogen los ilustrados y lo que se consideraba como autentico frente a la industrialización del XIX.

Por tanto mi pregunta ante los trajes típicos regionales que hoy usamos es ¿qué década del s.XVIII vamos a imitar? por que de una década a otra las moda cambiaban también en el siglo XVII. Y si nos decantamos por los años finales, donde hay diferencias regionales ¿aceptaremos que nuestro traje resultará igual que el del pueblo de al lado? ¿dónde y como pondremos los limites de esa región en la que nos de una determinada manera? y sobre todo ¿aceptaremos que el vestido es una forma de mostrarnos (contarnos) y que, aún dentro de los límites que puedan imponernos, cada individuo quiere mostrar su propia diferencia?

 

* todos los documentos a los que me refiero son cartas de dote e inventarios de los protocolos notariales de Novelda entre 1700 y 1710.

 

Una nit folk.

Reflexiones y auto-crítica sobre cuestiones que parecen personales, pero que tienen mucho que ver con mi oficio en construcción.

Cada año, desde hace siete, se organiza en Novelda la Nit Folk. Una iniciativa popular de gente que quieren vivir su herencia cultural. Creo que no es un intento agónico de no dejar morir una tradición, si no que se mantiene porque realmente está viva.

Sin embargo, a pesar de nuestro discurso, me parece más bien una reunión de amigos, que por ser en la calle está abierta al público, y que casualmente se hace todos los años en la sima calle. Lo que quiero decir con esto, es que los organizadores no están (no estamos) en contacto con los vecinos del barrio, por ejemplo. Mientras que nos esforzamos por invitar y alternar con los bailadores de que vienen de lejos. Que no es que esté mal, es que me parece que nos convertimos en anfitriones en casa ajena. Porque al fin y al cabo, no volvemos a pisar esa placita hasta el año siguiente.

Es decir que no se crean vínculos con el entorno de la fiesta.

Los vecinos y la Administración solo nos soportan, con mejor o peor ánimo, pero esta fiesta no forma parte de ellos, no está dentro de “un plan mayor”, ni para ellos ni, puede que tampoco, para nosotros. No es un hito en una ruta para conseguir un objetivo claro, o muchos objetivos.

En fin, que ni unos ni otros trabajamos con. Y, ni unos ni otros somos consciente de que no hay un interlocutor, ni una riqueza a generar-obtener. Nosotros, los organizadores, no nos hemos parado a pensarlo más allá de esa verbena de final del verano, que nos puede poner en el calendario de Aplecs. Y si lo hemos pensado, desde luego no nos hemos parado a comentarlo; con lo cual no ha habido cambios.

Los vecinos, no me consta que estén organizados, ni formal ni informalmente, para activar ese entorno. La Administración nunca a planteado un plan concreto para la revitalización de la zona, si tiene alguna idea o propuesta interesante, nunca se ha materializado, ni anunciado, ni planteado públicamente.

Me gustaría, que como propósito para el nuevo año deberíamos presentarnos como interlocutores ante el barrio, pero la primera duda, es ante quién, ante qué vecino/s. Y presentarnos con un discurso atractivo, incluso son una propuesta de colaboración, justificada en unos objetivos atractivos.

Proyecto cultural de iniciativa privada.

Como proposito empresarial y profesional para el nuevo año ¿debería ser capaz de diseñar un proyecto cultural de iniciativa privada? Pues, sí.

Mis dos pasiones (Historia y Comunicación) se acercan cada vez más gracias a diferentes experiencias y experimentos. Y ese acercamiento, tiene que empezar a dar frutos. tiene que llevarme a hacer posible esa especialización, tan ansiada en otros tiempos: Enclau como empresa comunicación cultural.

La clave para ir diseñando los proyectos en los que quiere trabajar, está en salir del bucle de pensar en el proyecto (idea, públicos, posibilidades), que hablaba con Ester y Laura, para centrar las acciones y los pasos a dar. Para convertirlo en una línea de negocio y no en una acción de ong.

Y todo eso sin olvidar que no queremos convertirnos en organizadores de ferias y festivales.

Continuará

¿vestirse a la antigua?

Investigaciones y publicaciones sobre el vestido femenino en el siglo XVIII hay muchas y muy rigurosas. Y no pretendo hacer aquí una más, con la diferencia de estar documentada en el Archivo Histórico de Novelda. Como ya dije, lo que me interesa es ver qué hay de aquellos vestidos en los de hoy.

Por tanto mis reflexiones girarán en torno a pequeños descubrimientos, al contraste entre lo típico y lo tradicional, al rigor histórico y al folklore.

Considero que esa indumentaria típica es un Patrimonio. Es un patrimonio cultural, porque al estandarizarla con el objeto de convertirla en elemento distintivo de una comunidad, pasa a ser parte de la identidad cultural de esa comunidad.

Y es patrimonio histórico en la medida en que se sustenta en el pasado de esa comunidad. El vestido del siglo XVIII le sirve de inspiración y las diferentes corrientes de pensamiento de los siglos posteriores han influido en su normalización como traje típico.

Así pues, como patrimonio que es, es susceptible de ser gestionado, y de hecho lo es. Y la primera cuestión a resolver (quizá como tesis de ese MasterDIWO) es quién tiene la autoridad para esa gestión y cómo debe hacerlo.

Indumentaria Regional valenciana.

Este es un acercamiento a la indumentaria tradicional a través de la indumentaria típica. No pretendo, pues, hacer un estudio riguroso de la indumentaria tradicional y como debería ser hoy su versión para las fiestas populares y el folklore.

El vestir de la gente sencilla del s.XVIII es el que mayoritariamente usamos cuando nos vestimos para bailar danzas regionales. Sin ser un traje típico y con aspiraciones a ser tradicional. Es decir, inspiradas en los originales y más o menos influenciados por los gustos actuales y nuestro propio bagaje acumulado en los siglos porteriores; sin olvidar la fuerte influencia del sXIX.

En esta indumentaria, la ropa Interior femenina se compone básicamente de tres piezas: la camisa, la enagua y las medias. Hay otras piezas como las cintas o ligas y el pantalón o calza interior (que no se generaliza hasta el s.XIX). Y otras que pueden ser o no interiores como el refajo, el faldellí, el jubón, … que se usan como ropa interior para abrigarse (y probablemente también para enriquecer la vestimenta) y que en ocasiones son prendas exteriores.

Me detengo en dos de las prendas básicas, la camisa y la enagua, sus nombres, materiales y usos.

La camisa, también llamada camisó o camisola, es ropa interior de día y de noche. Los materiales más comunes con que se confecciona son lino y algodón, ya que se pueden fabricar en casa y cuya materia prima es más accesible que la seda o los lienzos finos (que también se utilizan pero en menor medida). Es interesante ver como las mangas, que quedan a la vista en verano, se adornan más que el resto de la pieza e incluso se usan las telas más finas para su confección.

Las enaguas o sobresinaguas, puede usarse una o varias . Como la camisa se confecciona con materiales resistentes y caseros, lienzos de lino o estopa, o lienzos finos. Si se usan varias a las superiores se las denomina sobresinagua, como es lógico las más superiores están más adornadas y son de tejidos más finos.

2012-05-08 11.31.15Muestro aquí estas prendas de mi vestuario para bailar, como aficionada, danzas populares valencianas. Mi enagua, confeccionada con tela de batista, que es el tejido propio de las sábanas de hace solo unas décadas. En este caso utilicé el corte de dos sábanas bajeras que mi abuela nunca usó; en lugar de dejar la tela en el fondo del baúl. Para la camisa usé batista fina, concretamente el corte de tela que debió ser un almohadón de una cama de 1,35m de ancho.

Los adornos de estas prendas son totalmente actuales. La puntilla de las mangas de la camisa (tul bordado), aunque es de buena calidad, es de producción industrial. El bordado de la enagua es un diseño original, que no pretendía reproducir ni los adornos que en el s. XVIII se usaban para estas prendas; ni otros bordados de la época. Mi idea era adornar la enagua con mi inicial (eso sí es propio de estas prendas) y con un bordado rico, ya que no llevaría otro adorno.

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Como mi madre confección las prendas y yo hice el bordado a mano; es casi una versión siglo XXI de parte de un ajuar del s. XVIII. Porque en el proceso de creación siempre estuvo presente la idea de que estas prendas se usarán en ocasiones especiales y serán heredadas algún día.

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Para obtener información rigurosa sobre indumentaria tradicional he consultado, entre otros, el libro de Victoria Liceras Ferreres (coleccionista e investigadora) “Indumentaria Valenciana. Siglos XVIII y XIX”. Y recomiendo también estos artículos publicados en diferentes blogs:

“Algo sobre indumentaria tradicional”

“Tan ancha como larga, o más”

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