20150801_134907En general, el valenciano y el castellano en que están escritos los documentos del XVIII que consulto no es una dificultad. La libre ortografía, lo hace divertido y a la caligrafía de los notarios acabas acostumbrándote.

Pero me encontraba con dos problemas. Uno la falta de familiaridad con ciertos  “tecnicismos”, los objetos y/o materiales que no existen en mi vida cotidiana o que ya no se nombran igual.

Otro problema es descifrar algunas de estas palabras. Algo que a veces es realmente difícil a pesar de acudir al Diccionario de Autoridades y consultar la textilteca del Centre de Documentació i Museu Textil de Terrassa, entre otros.

Para facilitarme la tarea empecé un glosario, que cada vez era mayor y que en ocasiones parecía una investigación en sí misma. Y además, había términos que se resistían.

Harta de dar vueltas busqué un diccionario histórico textil, así de simple, Con la cantidad de Historias de la Moda que hay publicadas debía haber alguno el buscador me llevo a Dialnet y Dialnet me llevo al “Diccionario Histórico de telas y tejidos. Castellano-Catalan” de Davila Corona, R.M.; Duran Pujol, M. y García Fernández, M.

La reseña que hace Antonio Parejo me convenció a la primera lectura.

Hay pocas ocasiones en las que el término “cubrir un hueco” tiene más sentido que en el caso de la reseña del libro que ahora me ocupa. (…) su decisiva contribución a definir un elevadísimo número de términos y conceptos alusivos al mundo de las telas y los tejidos –nada menos que alrededor de 2.000 voces– que hasta esos momentos, y en no pocas ocasiones, exigían del investigador –sobre todo de aquel que se mueve fundamentalmente entre fuentes municipales o notariales–, dedicar recursos a una tarea que en principio no debería ocuparle demasiado tiempo: situar en el contexto adecuado la terminología que en la documentación manejada, correspondiente sobre todo al antiguo régimen, se empleaba para definir los diferentes tipos textiles utilizados.

Así que volví al buscador para encontrar una librería que lo tuviera y llegué a “El Rincón Escrito”, en Villanueva de las Carretas (Burgos).

Empiezo a cubrir huecos 🙂