Sonia Beltran

ensayo y error de una profesión

el traje y las fiestas. Patrimonio

Dentro de mi proyecto de investigación-reflexión sobre la indumentaria tradicional (s.XVIII) está, como dije, el uso de esa indumentaria en el siglo XXI. Y en estos usos juegan un papel fundamental las fiestas populares en general y las locales-Patronales, en particular.

Considero que hay un eje Fiestas Locales > Traje Típico> Gestión patrimonial .

Las fiestas locales, son la expresión de la idiosincrasia y la historia viva de una localidad. Digo historia viva porque no es solo historia, son también esas tradiciones que por ser revividas año tras año evolucionan con la gente, pero no necesariamente (como la gente) revisan los orígenes y/o reflexionan sobre sí mismos. Pensar sobre haber sido en el pasado, ser ahora, querer ser en el futuro.

En conjunto estas fiestas son Patrimonio; de los locales y de los visitantes, por qué no, puesto que son usuarios. (La influencia y derechos-obligaciones de los forasteros en las fiestas de tu pueblo merece otro post). Y el traje típico, elemento de esas fiestas, también es un patrimonio en sí mismo.

Y considero que estos dos elementos están directamente vinculados con la gestión patrimonial. Gestión Patrimonial en el sentido más administrativo de la expresión, es decir desde la administración se hacen todos, o casi todos, los esfuerzos por mantener y divulgar. Pero también en el sentido más comunitario, a saber, las personas vinculadas con ese patrimonio lo usan, le dan valor, lo conservan, …

El traje típico gestionado desde la Administración. Traje típico, tradicional o regional. Más o menos riguroso con la historia o consigo mismo (queda pendiente un post sobre esas instituciones que regulan el tipismo local).

En mi localidad, como en la mayoría de las que conozco, el Ayuntamiento se hace cargo de todo o parte del coste de confeccionar el traje típico para las representantes de las fiestas. A saber, la Reina de las Fiestas (personaje que también requiere de un post aunque solo sea para identificar qué es lo que hace que una fiesta sea machista). Es decir ocho mujeres jóvenes y ocho niñas lucirán un traje típico, hecho a medida para ellas, y que queda en su poder, es de su propiedad desde el primer momento. Es también la Administración, a través de la Concejalía y/o la Comisión de turno, quien decide cuándo deben usar este traje. Y aquí viene mi primera reflexión.

Siempre he pensado, mucho antes incluso de iniciar esta investigación, que si ese traje lo pagamos todos (pq se paga con nuestros impuestos) todos tenemos que disfrutarlo ¿no?. Y ¿cómo hacemos uso de esos dieciseis traje-patrimonio todos los habitantes de una ciudad? pues viéndolo, mirándolo, puesto sobre esas chicas en todos los actos de esas fiestas. Esto que en algunas localidades es una obviedad no lo es en la mía, por eso lo digo, por eso lo he pensado siempre.

El traje típico gestionado por la comunidad. Aquí me surgen un sinfín de preguntas antes de llegar al punto “cómo se gestiona”.

En primer lugar debe ser esa comunidad la que decida cuál es el traje típico. Y para ello deberá decidir, previamente, qué criterios va a seguir, históricos, estéticos, … Y antes  tendrá que pensarse a si misma, su origen, su presente y, por que no, su futuro. Puede hacer un gran ejercicio de reflexión sobre sí misma en general, pero quizás bastaría, para este caso, una mirada a esas fiestas en particular.

Luego podrá decidir si, como dice Mª Victoria Lliceras, el traje es típico o histórico. Si vamos a ser rigurosos con los vestidos del s. XVIII, de modo que puedan considerarse recreaciones de aquel momento. O si vamos a asumir que el hecho de convertir un vestido en símbolo de una comunidad y de su historia, lo desvirtúa como “reproducción histórica” de un momento concreto, acotado en le tiempo. Y, por tanto, asumimos los añadidos e interpretaciones que se hicieron en los siglos posteriores. O si, en ese reconocer la influencia de los tiempos, decidimos que ahora “nuestro traje” es este X, como antes fue otro y que no sabemos cual será en el futuro.

También estas últimas reflexiones valen para si se opta por la reproducción histórica. Hoy decidimos que nos identificamos con los vestidos de la segunda mitad del s.XVIII; pero sabemos que mañana, otros podrán seleccionar otro momento histórico.

Yo, a día de hoy, voto por lo histórico. Reconozco que en esta opción hay un deseo de viajar en el tiempo. Siento que recrear con rigurosidad los vestidos de un momento concreto, nos llevará a recrear igualmente usos y contextos, acotados a unos días del año, los de las fiestas locales u otros. He intuyo que esto es lo más parecido a ese viaje y, por tanto, es también un recurso y una excusa para conocer nuestros pasados.

 

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7 Comments

  1. Voy apuntando ideas según leo:

    1. Sobre la invención de la tradición del traje típico en España habría que hacer una deconstrucción de lo que estandarizó la Sección Femenina de Falange y los gobiernos autonómicos y locales dieron por bueno acriticamente después (incluidos nacionalistas de toda laya y condición).

    2. ¿El traje como inmaterial, es patrimonio o símbolo de una religio local? Si es lo segundo, ¿cómo se recupera a través suya la consciencia de religio? ¿qué mitos hay y cómo se les empuja?

    3. Si vamos a viajar en el tiempo (hacia atrás) ¿a qué relatos queremos referir? o mejor ¿qué valores queremos transmitir y en función de eso desde qué época nos es más fácil contarlos? La Iglesia fue la que empujó hacia el siglo XVIII como representación de la Arcadia rural porque se empeñó durante un siglo el volver al sistema absolutista que acabó con el siglo y que le daba el control de lo local. El nacionalismo catalán original (del que queda hoy como descendiete Unió) como el vasco (PNV), tienen su origen en el carlismo y eso puede explicar que no hayan sido críticos con la invención de la tradición que hizo Falange (al fin bebían del mismo mito de la maldad de la sociedad liberal y la «pérdida de valores» asociándolos ambos al «baile agarrao» de los inmigrantes y al mal vestir de los obreros). ¿Desde dónde se pueden contar cosas distintas? ¿Encajaría? ¿No puede ser conflictivo el historicismo y el desarrollo de los elementos de fantasía la forma en la que se ha ido erosionando durante los últimos treinta años el conservadurismo local de tan rancia raíz?

    • Pues me parece que más o menos esas ideas me rondan desde hace tiempo sin llegar a cuajar en un post (o dos), creo que tu comentario me va a servir de “organizador”
      1. Habría que deconstruir la normalización de la Falange, claro, y diseccionarla; lo mismo que con los nacionalismos y el costumbrismo del XIX. Lo que me lleva inevitablemente a querer diseccionar, para entender, el concepto de nación, territorio y región, del mismo siglo XVIII, que “hemos” asumido como paradigma de la autenticidad de lo popular. Y lo mismo con el concepto de folcklore y su evolución.(un largo camino del que sólo tengo algunas líneas trazadas)
      2. el traje como inmaterial para mi es patrimonio (testimonio de un pasado más o menos concreto). Y con el traje típico lo convertimos en símbolo. Y en ambos casos debe ser usado (gestionado, conocido, honrado, …) junto con otros patrimonios y con otros símbolos. (sigo pensando)
      3 A mi lo que me seduce del pasado pre-industrialización, sea cual sea el momento, como de la cultura popular; es que creo que en esos entornos es un poco más fácil llegar a la vida sencilla, que hay algunos obstáculos menos. Porque la mayoría de las cosas del entorno más cercano estaban hechas bien por uno mismo, bien por alguien de la comunidad. Me sirven tanto la Edad Media como los pueblos prerromanos. sobretodo porque para transmitir valores me vale tanto el ejemplo de “buenas práctica” como el “efecto espejo” del que habla Laura.
      Pero ya dije que vivo en la lucha constante por no idealizar el pasado. Igualmente trabajo en la cuerda floja entre la investigación y mi propia fantasía y valores. El conflicto es una constante, porque cada relato es distinto a pesar del hipertexto. ¿no? (sigo pensando)

      • A mí me encanta que estés abriendo ese melón…
        Mi apuesta es que en ese proceso se desmitificarán nacionalismos, historias que nos han contado, delimitaciones territoriales, etc. Pero quizá, aparezcan herramientas para “construir” nuestro propio traje típico y con él nuestros mitos y símbolos. Esa parte de este blog siempre me ha parecido fascinante, ya lo sabes 🙂
        Que en tu caso esos mitos vengan en buena parte de la reindustrialización o los romanos, pues genial. Dependerá de lo que te siente mejor y del trabajo o ceremonia que vayas a hacer… Pero yo tendría cuidado en confundir pobreza con “falta de obstáculos para la vida sencilla” 😉
        Lo que me escama al leerte es ese “debe gestionarse”, no sé, me suena a separarlo demasiado de nosotros mismos. Alfonso escribía hoy: “La paradoja de esta división del trabajo (…) es que, para evitar la reducción de lo humano a una cosa, primero tuvieron que reducir las cosas a dibujos”. Pues aquí también lo veo aplicable: como si redujeramos el traje a algo gestionable, cuando es algo también “vivo” no sé cómo decirlo…
        Y ya si aceptamos que sea la administración la que lo gestione…. fschiuuuu, de vuelta a lo imaginado. Y si lo piensas “profecía autocumplida” también en esto.
        Abrazos!

        • Yo creo que me voy a encontrar las mismas herramientas, para distintos mitos. A ver que pasa.
          Sin duda es fácil confundir sencillez con pobreza, ya dije una vez que la gente nos complicamos la vida con facilidad. Pero es que no creo que antes de la industrialización la gente fuera más pobre que después. Creo que, además de que siempre ha habido personas pobres o muy pobres, todo depende de el momento, el lugar y, sobretodo, el comparado con qué. Más aún, tiene mucho que ver el concepto mismo de pobreza.
          Si la comunidad decide dónde, cuando y como usa un determinado traje ¿no lo está gestionando? yo creo que sí, y creo que debe hacerlo, o decidir no hacerlo, como decía mi profe de Gestión del Patrimonio “cada pueblo que se suicide como quiera”. Se que “Gestionar” suena muy administrativo, pero esa palabra tampoco es patrimonio de la Administración. En parte por eso lo incluía en “ser usado”. Quizás las comunidades deberían caer en la cuenta de que, como dices, es algo vivo. Quizás en ese usar, lo acerquemos a nosotros en lugar de reducirlo.
          Lo que está claro es que ahora es la administración quien lo gestiona. ¿qué vamos a hacer? (aquí los futuros deseables 😉 )

      • Dos ideas:
        Al hablar de gestión por parte de la comunidad pensar que de lo que se habla es ver cuando y como es aceptable o aconsejable u obligado usar estos trajes (por contexto, situación, ambiente, etcétera). Lo cual convierte al traje en un elemento de ceremonia (en sentido amplio, esto es de practicas sociales concretas, algunas repetibles o periódicas, otras aleatorias o aperiódicas y otra presumiblemente únicas o no-repetibles).
        Retomar las ideas del minimalismo existencial (#1, #2 y #3) sobre dotar de significado a las cosas y por lo tanto reducir lo que no lo tiene. Esto viene al hilo del breve intercambio que teníais sobre la sencillez y pobreza —lo que significa pobreza y sus diferentes enfoques y respuestas, otro día—.

      • El problema con usar como símbolos elementos premodernos, que remiten a la comunidad real -como hacemos nosotros también- es darles el punto que remite a la abundancia. Porque la postmodernidad no es una vuelta a la premodernidad con tecnología, es comunidad real (como lo pre) + abundancia (=diversidad, plurarquía, etc.) facilitada por la tecnología. Así que no solo hay que hacer toda una genealogía de cada símbolo, sino trabajar sus «reenganches» con un contexto radicalmente nuevo.

        • Claro, porque no se trata de “volver” a un estado ideal (que realmente nunca existió) sino de saber (conocer, caer en la cuenta, …) y aprovechar el conocimiento (el que crearon otros y el que creamos nosotros) para crear nuestro entorno. Entorno que genera conocimiento y que es un proceso, no un estado.

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