Mi mejor peor cliente.

En todo el tiempo que llevo trabajando como RRPP freelance casi siempre había creído que la Administración Pública era un buen cliente ideal para mi. Casi llegue a pensar en olvidarme de la pymes (tan abundantes en el sureste) que fueron mi ideal en la facultad.

Lo creía pq desde mi perspectiva del DL, lo público, tiene grandes metas y objetivos y muchos públicos a los que dirigirse. Y, de alguna manera, el desarrollo local es su razón de ser. De modo que crear proyectos para esas relaciones es muy tentador y bastante cómodo.

Pero una y otra vez tropiezo con los mismos problemas: el interlocutor es relativo; los ritmos y los procesos de la burocracia (y la política) no están orientados a la eficiencia, ni están preparados para la creatividad y la innovación. Por tanto trabajar con resulta complicado.

Además de la burocracia

La falta de cliente. Sin cliente no hay negocio, no solo porque no vendas, sino porque no tienes a quien dirigirte, a quíen resolverle un problema, con quien conversar. No hay un objetivo que conquistar y la pasión se diluye.

No hay cliente porque su cliente es cualquiera, su cliente es todo el mundo, y ellos sí tienen razón cuando dicen esto. No lo dicen porque quieran alcanzar grades cotas de mercado o porque tengan miedo de dejar de vender un producto.

Es que, realmente, tienen que atender a toda la ciudadanía, de modo que no tienen cliente. Por eso sus resultado no se miden en fidelidad o repetición de compra, por eso no tiene una relación que cultivar, y tampoco les hace falta.

Este es un gran problema a la hora de proponer y diseñar proyectos. Porque los proyectos necesitan, como un pilar básico, un público objetivo definido al que dirigirse.

Lo que interesa son los datos cuantitativos; nº de cuestiones atendidas, nº de ususarios de un servicio… Hasta la calidad se mide en números (puntuar de 1 a 10 las instalaciones, el horario, …) datos bien ordenados  en un formulario. Y la creatividad, la innovación y el servicio a medida no cabe en un formulario.

Si no hay conversación ¿cómo vas a resolver problemas? Si no hay imaginación ¿cómo vas a innovar? Si no hay creatividad ¿cómo vas a crear abundancia? 

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