Sonia Beltran

ensayo y error de una profesión

Instituciones abiertas, plazas y balcones.

Hace unos días hablaba con mis colegas sobre un proyecto que está dando sus últimos coletazos y que va precisamente de eso, de hacer una institución más abierta. Y al tiempo enlazábamos con las reflexiones que nos está suscitando otro proyecto sobre el uso de la tecnología para dialogar, narrar, construir.

El diálogo entre colegas venía a concluir que ser abiertos no es sólo tener los medios para serlo, y hacer como que eres abierto. Si no ser conscientes de qué es apertura y qué implica que una institución sea abierta.

Mi conclusión, y mi auto-explicación como si tuviera cinco años, que es algo que hago con frecuencia para simplificar las complejidades de la vida adulta; era una metáfora de foros, plazas y discursos desde el balcón.

Lo que muchas instituciones (y muchos profesionales que las dirigen) hacen para declararse abiertas es usar la red para su comunicación, como quien hace un discurso desde el balcón de su casa. Lanzas la información que quieres que otros tengan sobre ti y ya está. Si alguien quiere replicarte tiene que lanzar sus propios gritos desde la calle y esperar, a veces eternamente, una respuesta. Por tanto, el dialogo es imposible.

Y al mismo tiempo otras instituciones arengan a sus públicos desde sus propios balcones. Generando en la calle una algarabía considerable, luchando por la atención de los oyentes. Oyentes pasivos que acaban comentando con los que tienen al lado, sus iguales. Y construyendo así su propia conversación.

Lo que yo entiendo es que si decimos que nuestra institución es abierta, debemos saber que vamos a hablar desde el balcón de nuestra casa. Pero, y esta es la diferencia, la puerta de la entrada está abierta y alguien puede entrar, subir a ese balcón y solicitar nuestra atención para hablar de tu a tu con nosotros.

Y si tienes la puerta abierta es para que entren, es decir tienes que invitarlos y convencerlos de que lo hagan. Y una vez convencido deberás ser un buen anfitrión. Y,  ojo, un anfitrión no es un simple maestro de ceremonias (aunque en ocasiones lo haga), un anfitrión es responsable del bienestar de sus invitados (como dice el protocolo) y lo es porque antes o después establece un vínculo con esos invitados.

Los foros digitales, como los reales, están para pasar por allí en busca de alguien para una conversación rápida (pregunta-respuesta). En el foro (espacio real, abierto) se toma contacto. Si lo que queremos es trabajar, entramos al taller, nos sentamos y construimos juntos.

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2 Comments

  1. Qué guay! Me anoto la analogía de la plaza y el balcón… a veces nos quejamos de que el cliente no entiende y los ejemplos facilitan el aprendizaje. Hoy he descubierto un blog dedicado a poner en valor el papel estratégico del protocolo. Seguro que te interesa.

    • Cierto, a veces tenemos las cosas tan claras que no nos damos cuenta de lo abstracto que resulta para otros.
      y gracias, me interesa mucho ese enlace

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