Educación y cultura

Durante la mesa redonda “Ideas innovadoras para ciudades creativas” (II Congreso ciudades Creativas, 2011) las propuestas que se plantearon eran muy variadas pero todas tenían el denominador común de poner al ciudadano como eje vertebrador de esa ciudad. Un ciudadano que es hombre o mujer, adulto o niño, joven o viejo, … Y la educación también cobraba importancia en el diseño de esa ciudad. Yo me tomé la libertad de resumir aquellas ideas en una frase “una ciudad en la que los ciudadanos formen parte de la vida de los ciudadanos”. En un intento de aglutinar las ideas de cooperación, colaboración, relaciones humanas, crianza, responsabilidad, libertad…

Hace unas semanas oía F. Tonucci hablar de la ciudad de los niños, una conferencia interesante, inteligente y humana. Que haciendo referencia a la lamentable crisis moral, politica, medioambiental, … que sufrimos; propuso soluciones y medios para la resolución. Y expuso proyectos que van en esta línea. Habló, entre otras cosas, de la necesidad y la posibilidad de que la ciudad sea rediseñada y recuperada por los niños, que sean sujeto activo de la vida de la ciudad. Los niños, no como sujeto principal, sino como parte de la vida de los adultos, y esto, a mi entender tiene mucho que aportar al imprescindible replanteamiento del sistema (económico, empresarial, productivo).

En muchos sentidos las líneas de contenido de Tonucci estaban poniendo palabras a ideas que tenía en mi cabeza desde hace tiempo. Ideas y reflexiones más o menos conectadas y más o menos “fermentadas” para convertirse en opiniones solidas y arguemntadas.

Lo que ya saben los niñosLo que más me gusto fue que como conclusión, Tonuci resumió todas las ideas y propuestas hechas en su conferencia con tres claves: la lactancia materna, la educación infantil de calidad y el juego libre. Y esto fue lo que más me gustó.

Estas tres realidades son el camino para que el mundo sea mejor, mucho mejor. Para la mayoría de nosotros la lactancia materna, es una cuastión de madre e hijo que reporta, a estos, beneficios físicos, psicológicos y emocionales, pero lo cierto es que también supone una mejora medioambiental y económica. Ahora bien, para llevarla a cabo con éxito (es decir, felizmente) hay que abstraerse un poco (o un mucho) de las prisas, los compromisos, los horarios, el ocio, … programados de esta sociedad nuestra.

La educación infantil de calidad, aquella respetuosa las necesidades del niño, no con las abmiciones de los adultos. Tiene muchas versiones, yo conocí hace algunos años la Pedagogía Waldorf-Steiner; que me hizo querer volver a la escuela, cuando durante mi infancia sólo quise huir de la mía. Esta y otras igualmente interesantes se muestran en este documental

Pedagogías cuyo punto en común es el respeto al niño, a su maduración, a las necesidades de cada momento de ese desarrollo; y la confianza en la persona que es el niño. La convicción de que el niño desea aprender, porque desea saber, descubrir e investigar. Este deseo es una necesidad del ser humano y los niños, no lo olvidemos, son seres humanos.

El juego libre. Jugar para experimentar y descubrir, para arriesgarnos y aprender. Y jugar en libertad es la experiencia de la libertad. Solo así podremos conocerla, respetarla, hacerla nuestra. Porque todos los juegos son didácticos y porque todo puede ser un juego.

-pero un día los pupitres florecerán-Y todo esto podría enlazarse también con el emprendurismo social, otra forma de cambiar el mundo desde el ejercicio profesional, de cualquier profesión. (sobre este tema publicaré mis conclusiones de una muy interesante mesa redonda).

Otra educación es posible. Y esto supone que otra ciudad es posible. Que otro mundo es posible.

 

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