Sonia Beltran

ensayo y error de una profesión

Category: folk

Recuperar una tradición. Debate

A raíz de la charla sobre las fiestas de invierno, se genros uninteresante debate sobre la recuperación y conservación de las tradiciones. Especialemnte de la fiestas tradicionales.

Andreu nos planteó, al público, la cuestión de qué papel jugamos. Como individuos, como colectivos, como políticos.

Cuando intento responder me planteo que, en realidad, la primera pregunta es porqué recuperar una tradición. Los valores que transmite y qué significa para nosotros ¿por quñe tiene valor? Nos hay que llegar al final del discurso de respuest  para empezar a preguntarnos cómo la recuperamos

¿cuáles de sos valores queremos? y ¿qué hacemos con aquellos valores que ya no nos valen?

Cuando no tenemos todos los datos.

No podemos inventar o ¿sí?

 

 

Los ajuares nupciales en la Novelda del siglo XVIII

Una aproximación a todo ese mundo de objetos, personas, relaciones y formas de vida que esconden los documentos del pasado. Los ajuares son la punta del iceberg de toda la documentación que nos acerca a la vida cotidiana en el XVIII.

cuentan-los-Ajuares_00Diapositivas que ilustran la charla “Ajuares nupciales en Novelda a principios del siglo XVIII” VI Jornadas de la Ilustración, Novelda 2015.

Y aquí la charla que Noveldadigital a compartido en su canal de YouTube

Típico o histórico ¿hay que elegir?

Más reflexiones con respecto a los trajes típicos, regionales y demás indumentarias.

Para la inmensa mayoría de la gente es típico aquel traje que identifica a una comunidad (ya sea un pueblo o una región entera) y esa inmensa mayoría suele pensar que es típico porque en algún momento del pasado todas las personas de esa comunidad lo usaban en su vida diaria. Pero no necesariamente es así, el traje tradicional es

“invención del siglo XVIII que se entiende en el contexto del nacionalismo o en la definición de la identidad nacional de los pueblos, que trataba de averiguar los orígenes de la nación y encontró en las clases populares rurales la autenticidad nacional, lo que se convertiría en el arranque del folklore” (Puerta, R. 2006 : 275)

Y, sin embargo, ante una determina indumentaria, hay quien la identifica como propia, aunque no responda a ninguna época de su historia. Pero de alguna manera saben que representa al tipo, sea el tipo “valenciano”, el “fallero”, el “alicantino”, el “foguerer”, el “murciano”, el “huertano”, … (y así hasta el infinito)

El traje histórico es como dice Lliceras, aquel con el que se puede viajar en el tiempo a otra época y no llamar la atención.

Típico, para qué.

El traje típico cumple una función social muy clara, de hecho cumple dos. La primera la de representar a una comunidad, que ha construido o construye constantemente un imaginario para mostrar su identidad colectiva. Fiestas y ceremonias, lo correcto y lo incorrecto, lo autentico, … De alguna manera se convierte en un traje ceremonial:  en los actos en los que se celebra X, los participantes, los celebrantes, se visten con Y.

Y la segunda, la que cumple toda indumentaria, la que cumple la moda; reflejar el imaginario social de cada época. Ya que el traje típico está construido sobre el imaginario del momento, aun cuando busca inspiración en el pasado. A lo que hay que añadir, que a pesar de la uniformidad que buscan estos trajes típicos, los individuos suelen imprimir a la indumentaria sus propios gustos. Porque, una vez más, estamos hablando de vestido y con esto el ser humano no solo se cubre y se protege, si no que también crea una identidad. Y esta identidad social “marca nuestra relación con los demás (…) cuentan como somos o pretendemos ser“.

Por tanto la decisión de si hay (o creamos) el traje con el que nos vestimos de valencianos, de alicantinos, o de lo que sea, no es una frivolidad.

Novelda 2011

Ofrenda de frutos. Fiestas Patronales, Novelda 2011

El hecho de querer tener un traje para celebrar y demostrar que somos de un territorio, puede ser muy espinoso. Porque no se trata de la recreación de un hecho histórico, con mayor o menor rigurosidad, como puede ocurrir en Gettysburg o como pretenden las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy. Es, simplemente, celebrar que somos de aquí.

Decidir si ese traje responde a una reproducción, lo más fidedigna posible, de una época concreta o es una construcción ad hoc, es también una cuestión controvertida. Por que, ¿a qué época nos vamos a remontar para sentirnos auténticos? ¿cómo de rigurosos y exigentes vamos a ser con las recreaciones?

Típico, cómo.

En esta línea, pero siendo historicistas, la elección del siglo XVIII como época en la que fijarnos, es una tradición. Tradición heredada de los trajes típicos.

El siglo XVIII como inspiración principal para los trajes, pero con innumerables piezas del XIX, e incluso del sXX.

De alguna manera estaríamos manteniendo viva esa idea de “autenticidad” y folklore, de que la industrialización acabará con todo lo autentico, la idea de que las clases populares conservan la esencia de lo autentico.

Y si decidimos crear ese traje típico desde cero. Un traje para celebrar y no para reconstruir ¿a partir de qué criterios lo vamos a hacer?¿es imprescindible la historia? Llegados a este punto sería interesante poder responder al cómo y al por qué de nuestro traje típico.

Sea quien sea la persona (física o jurídica) que tome la decisión debe poder responder. Al cómo ha de ser, para que sea considerado representativo de nuestra comunidad. Y al por qué de esta decisión, y de cada uno de los elementos (por qué camisa y no jubón, por qué negro, por qué ese largo de la falda y no más corto o más largo)

Y en ambos casos se refuerza la idea de lo autóctono como diferenciador, aún entre localidades separadas por pocos kilómetros ¿El termino municipal como mapa del mundo?

 

En cualquier caso queda mucho por aprender de la Historia y de nuestras historias. Mucha difusión que hacer. Antes, durante y después de la construcción de todo esto.

 

De negro, pero no de luto.

Las piezas del vestido

La basquiña es una de tantas faldas que usan las mujeres de XVIII que siempre es exterior “ponese encima de los guardapieses y demás ropas”, que en origen (siglo XVII) y durante todo el siglo VXIII es de color negro (en el s.XIX era también de otros colores, siempre oscuros). Y que se utiliza para salir a la calle, ir a misa, procesiones, ect. Por eso siempre es exterior, es la última prenda que se pone la mujer antes de salir de su casa.

Basquiña1726Todas las mujeres tenían al menos una. En los ajuares de novia como en los inventarios de bienes, siempre aparecen al menos “unas basquiñas”. A veces, además de la basquiña, hay “unes faldetes de anar a misa”, que no se hasta que punto es exactamente lo mismo. Puesto que en ocasiones aparece citado de manera distinta en el mismo documento, esto es, apreciado por la misma persona . Es decir, que la misma persona entendida que iba identificando y valorando las piezas una a una, nombró una prenda como basquiña y otra como “de anar a misa”

¿Por qué usar dos nombres distintos para la misma prenda? ¿por el material? ¿por la diferencia de uso? una “les faldetes”, para ir a misa (quizás más ricas) y otra, la basquiña, simplemente para salir a la calle. En los documentos consultados, en los que se dice el material del que está hecha la basquiña, esta es normalmente de chamelote (piel de camello), lo cual la hace impermeable y abrigada.

Normalmente estas faldas aparecen seguidas, o incluso en la misma anotación, de un manto que la mayoría de las veces es negro.

El jubón negro, de tafeta, de damasco, de raso, incluso de terciopelo, también son habituales. Aún no puedo decir que exista mayor nº de jubones negros que de otros colores, pero si superan a cualquier otros color.

Quizás el delantal o la “mantellina” den un toque de color. Y digo quizás porque delantales negros hay tantos como “de color” (esto es, ni blanco ni negro) y con las mantillas pasa lo mismo, cuando se indica el color, el negro y el blanco es lo más habitual.

vestirse

… durante los últimos treinta años del siglo XVIII y los primeros veinte del siglo XIX, un traje propio solamente de nuestro país, que llamó la atención de los extranjeros que visitaron España en esta época y al que llamaron el traje nacional español. Las españolas de las ciudades, fuese cual fuese su clase social, se ponían siempre encima de sus demás vestidos, para salir a la calle o para ir a la iglesia, una falda negra llamada basquiña y se cubrían la cabeza y los hombros con la mantilla, negra o blanca; se quitaban estos vestidos tan pronto entraban en una casa, aunque fuesen a permanecer poco tiempo dentro de ella.

Amelia Leira, (2004:4)

Aunque un “vestido a la española” ya existía en el siglo XVI, que cedió protagonismo en el XVII a la moda versallesca, los regionalismos que empiezan a identificarse a finales del XVIII es lo que recogen los ilustrados y lo que se consideraba como autentico frente a la industrialización del XIX.

Por tanto mi pregunta ante los trajes típicos regionales que hoy usamos es ¿qué década del s.XVIII vamos a imitar? por que de una década a otra las moda cambiaban también en el siglo XVII. Y si nos decantamos por los años finales, donde hay diferencias regionales ¿aceptaremos que nuestro traje resultará igual que el del pueblo de al lado? ¿dónde y como pondremos los limites de esa región en la que nos de una determinada manera? y sobre todo ¿aceptaremos que el vestido es una forma de mostrarnos (contarnos) y que, aún dentro de los límites que puedan imponernos, cada individuo quiere mostrar su propia diferencia?

 

* todos los documentos a los que me refiero son cartas de dote e inventarios de los protocolos notariales de Novelda entre 1700 y 1710.

 

Faltriquera. Indumentaria Regional Valanciana

Esta es una pieza que no ha aparecido en ninguno de los inventarios que he podido consultar ni en los documentos que recogen la documentación de localidades cercanas. Pero no solo me consta que ha sido parte del vestido femenino del XVIII y anterior como muestran los museos. Es también una de esas piezas que conoces de oídas, he escuchado a mi padre decir que su abuela la uso o al menos la nombró como algo que se usaba con frecuencia por al mujeres.

LAS FALTRIQUERAS.

Llamadas también faldriqueras. No es frecuente que en los inventarios se reflejen estas piezas, debido al bajo precio o valor de las mismas; consisten en dos bolsillos sueltos que la mujer llevaba atados a la cintura por debajo de la falda, coincidiendo con las aberturas de la cinturilla. Debido a ello es por lo que siempre aparecen en juegos de a dos.

FERRANDlS MÁS,Vicent   Elementos para el estudio de la indumentaria valenciana: el vestido de la mujes (1787-1812) (1). en “Torrens. Estudis i investigacions de Torren i comarca”. Disponible en Filadis

2013-09-16 12.58.40Para mi indumentaria valenciana del siglo XVIII, esto es, para mi ropa de “ballar danses” yo solo tengo una, que yo misma hice aprovechando un retal que sobró de la enagua. Supongo que este detalle demuestra el poco “valor de las mismas”.

Aunque supusieron un grato entretenimiento durante el invierno pasado.

2013-03-05 15.28.47 2013-03-05 15.21.03

 

el traje y las fiestas. Patrimonio

Dentro de mi proyecto de investigación-reflexión sobre la indumentaria tradicional (s.XVIII) está, como dije, el uso de esa indumentaria en el siglo XXI. Y en estos usos juegan un papel fundamental las fiestas populares en general y las locales-Patronales, en particular.

Considero que hay un eje Fiestas Locales > Traje Típico> Gestión patrimonial .

Las fiestas locales, son la expresión de la idiosincrasia y la historia viva de una localidad. Digo historia viva porque no es solo historia, son también esas tradiciones que por ser revividas año tras año evolucionan con la gente, pero no necesariamente (como la gente) revisan los orígenes y/o reflexionan sobre sí mismos. Pensar sobre haber sido en el pasado, ser ahora, querer ser en el futuro.

En conjunto estas fiestas son Patrimonio; de los locales y de los visitantes, por qué no, puesto que son usuarios. (La influencia y derechos-obligaciones de los forasteros en las fiestas de tu pueblo merece otro post). Y el traje típico, elemento de esas fiestas, también es un patrimonio en sí mismo.

Y considero que estos dos elementos están directamente vinculados con la gestión patrimonial. Gestión Patrimonial en el sentido más administrativo de la expresión, es decir desde la administración se hacen todos, o casi todos, los esfuerzos por mantener y divulgar. Pero también en el sentido más comunitario, a saber, las personas vinculadas con ese patrimonio lo usan, le dan valor, lo conservan, …

El traje típico gestionado desde la Administración. Traje típico, tradicional o regional. Más o menos riguroso con la historia o consigo mismo (queda pendiente un post sobre esas instituciones que regulan el tipismo local).

En mi localidad, como en la mayoría de las que conozco, el Ayuntamiento se hace cargo de todo o parte del coste de confeccionar el traje típico para las representantes de las fiestas. A saber, la Reina de las Fiestas (personaje que también requiere de un post aunque solo sea para identificar qué es lo que hace que una fiesta sea machista). Es decir ocho mujeres jóvenes y ocho niñas lucirán un traje típico, hecho a medida para ellas, y que queda en su poder, es de su propiedad desde el primer momento. Es también la Administración, a través de la Concejalía y/o la Comisión de turno, quien decide cuándo deben usar este traje. Y aquí viene mi primera reflexión.

Siempre he pensado, mucho antes incluso de iniciar esta investigación, que si ese traje lo pagamos todos (pq se paga con nuestros impuestos) todos tenemos que disfrutarlo ¿no?. Y ¿cómo hacemos uso de esos dieciseis traje-patrimonio todos los habitantes de una ciudad? pues viéndolo, mirándolo, puesto sobre esas chicas en todos los actos de esas fiestas. Esto que en algunas localidades es una obviedad no lo es en la mía, por eso lo digo, por eso lo he pensado siempre.

El traje típico gestionado por la comunidad. Aquí me surgen un sinfín de preguntas antes de llegar al punto “cómo se gestiona”.

En primer lugar debe ser esa comunidad la que decida cuál es el traje típico. Y para ello deberá decidir, previamente, qué criterios va a seguir, históricos, estéticos, … Y antes  tendrá que pensarse a si misma, su origen, su presente y, por que no, su futuro. Puede hacer un gran ejercicio de reflexión sobre sí misma en general, pero quizás bastaría, para este caso, una mirada a esas fiestas en particular.

Luego podrá decidir si, como dice Mª Victoria Lliceras, el traje es típico o histórico. Si vamos a ser rigurosos con los vestidos del s. XVIII, de modo que puedan considerarse recreaciones de aquel momento. O si vamos a asumir que el hecho de convertir un vestido en símbolo de una comunidad y de su historia, lo desvirtúa como “reproducción histórica” de un momento concreto, acotado en le tiempo. Y, por tanto, asumimos los añadidos e interpretaciones que se hicieron en los siglos posteriores. O si, en ese reconocer la influencia de los tiempos, decidimos que ahora “nuestro traje” es este X, como antes fue otro y que no sabemos cual será en el futuro.

También estas últimas reflexiones valen para si se opta por la reproducción histórica. Hoy decidimos que nos identificamos con los vestidos de la segunda mitad del s.XVIII; pero sabemos que mañana, otros podrán seleccionar otro momento histórico.

Yo, a día de hoy, voto por lo histórico. Reconozco que en esta opción hay un deseo de viajar en el tiempo. Siento que recrear con rigurosidad los vestidos de un momento concreto, nos llevará a recrear igualmente usos y contextos, acotados a unos días del año, los de las fiestas locales u otros. He intuyo que esto es lo más parecido a ese viaje y, por tanto, es también un recurso y una excusa para conocer nuestros pasados.

 

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